¡QUE NOS ENVIDIEN FUERA, DEMONIOS!
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i existe algo por lo que deban envidiarnos en el resto del mundo, no es por tener un sistema democrático con una historia reciente de bigote, ni un príncipe moderno y juncal, ni una futura reina que lo fue del telediario, ni unos equipos de fútbol de postín y repletos de extranjeros, ni una fiesta nacional que es una carnicería y un prodigio encantador para americanos e ingleses, ni el Alcázar de Toledo, ni el cardenal Antonio María Rouco Varela, ni qué se yo qué; si existe algo así, capaz de desatar la envidia más envidiosa de cuantas puedan sufrir nuestros compañeros de planeta, son estas tres cosas: la tortilla de patatas, el gazpacho y los churros. ¡Va por nuestros tres valores patrios y por quienes disfrutan tanto como yo de sus virtudes!:
| Soneto a la Tortilla de Patatas |
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¡Cuántas veces tu carne lubricada
mordí para tenerte en tu calor
y cuántas las delicias de tu flor
me mancharon los labios, dulce amada!
No miento si te digo que es la nada
el mundo para mí sin tu sabor
y que sólo el recuerdo de tu olor
me turba, y se me pierde la mirada.
La culpa de este amor, de este penar,
la tuvo Juana, que me dio a comerte,
que me hizo, con sus manos, conocerte.
Hoy en tu honor, mi bien, quiero gritar,
tortilla de mi alma y de mi suerte:
¡viva el colesterol!, ¡viva la muerte!
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| Soneto al Gazpacho |
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| Soneto al Churro |
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Agarrarte con mano delicada
buscando incontinente tu consuelo;
desearte caliente, como en celo;
morderte con mi boca ensalivada;
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saborear feliz tu carne amada,
como manjar divino que es del cielo,
sintiendo que se colma el vasto anhelo
que padezco, de ti, con la alborada.
.
Tales son los deseos que tu esencia
me inocula domingo tras domingo,
que es el día en que yo, por fin, te nombro.
.
Y al churrero, con gesto de impaciencia,
te me reclamo en churro, porra o cohombro,
o incluso, si es preciso, en tejeringo.
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